Volver con el rabo entre las piernas
Ya estamos a mitad de enero y los propósitos que hiciste a las doce de la noche del 31 de diciembre siguen guardados en un cajón. O peor, en tu mente, porque no los has escrito o, si sos romántica como yo, los tiraste al fuego.
Uno de mis propósitos, que quizás también sea el tuyo, es terminar varios proyectos que tengo dando vueltas. Rondan mi mente todo el día, me atacan en el desayuno y cuando pongo la cabeza en la almohada. Pero, ¿cómo retomar un proyecto de escritura sin frustrarse?

¿Por qué dejé un proyecto de escritura sin terminar?
Esa es la primera pregunta que me carcome. En qué estaba pensando para abandonar esa idea tan buena. Puede que haya pensado que, después de todo, no era tan buena como yo creía. Es típico de los escritores dudar de nuestras habilidades y dejar que nos crezca dentro la idea de que no somos suficientes, de que no tenemos nada que aportar.
Sí, también pudo haber sido que desde septiembre las cosas se ponen rudas. En un hemisferio comenzamos a despedir el año y nos llenamos de reuniones urgentes, actos del colegio de nuestros hijos y balances contables. En el otro hemisferio, el año comienza y explota la carga laboral, la rutina nos come. En estos escenarios, el tiempo para escribir es escaso, lo último en lo que pensamos.
La última razón que se me ocurre para abandonar un proyecto de escritura es llegar al punto muerto. Ocurre con más frecuencia de la que te imaginás. La historia llega a un acantilado del que no quieres saltar, pero del que tampoco quieres irte. Estás atrapada en el mundo que tú misma creaste.
¿Qué hacer para retomar un proyecto de escritura?
Obligarme a responder esta pregunta también es estar en ese acantilado. Porque, en verdad, ¿qué te puedo decir que no hayas escuchado ya? En esa pregunta está la clave.
Lo más probable es que una de las razones por las que dejaste tu proyecto es ese pensamiento corrosivo de que ya todo está dicho, alguien más ya escribió sobre el tema y lo hizo de una manera espectacular. Pues, te tengo que decir que estás equivocada.
Y eso es lo primero que debes saber: tú tienes algo que decir y por eso estás escribiendo, por eso empezaste este proyecto en primer lugar. Es verdad que quizás alguien ya escribió sobre eso, pero tú tendrás una forma particular de decirlo y eso importa.
¿Cómo activar el modo escritor?
Ahora que ya sabés que tenés que decir algo y es importante, es momento de volver a la acción. Y para hacerlo sigo las palabras sagradas del gran Stephen King (no soy fan del terror, pero este señor escribe mucho y bien).
"Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho. No conozco ninguna manera de saltárselas. No he visto ningún atajo".
Entonces, no veo más que tres cosas que debes hacer para activar tu modo escritor:
Leé todos los días: busca un libro, sácalo de tu biblioteca pública más cercana, pídelo prestado. No importa cuántas páginas leas; lo importante es afinar el ojo y bucear en el estilo del escritor.
Escribe todos los días: no necesitas sentarte con una vela prendida en un espacio especial ni escribir 5 mil palabras al día. Usa tus notas del teléfono, escribe en el metro, escribe 100 palabras. No importa. Solo no dejes pasar un día sin entrenar la escritura.
Entrena el ojo: un escritor es, ante todo, un gran observador de la realidad que lo rodea. Mantén la atención, toma notas, la inspiración está en todas partes.
Siempre hay momentos de frustración; no lo podemos evitar. Si de verdad quieres terminar ese proyecto que no abandona tu cabeza, abre el archivo de una vez y ¡escribe! El camino no es fácil, pero es maravilloso. Zambullirse en esa historia que estás pensando es la verdadera experiencia del escritor. El libro impreso y las firmas en la librería son historia aparte.
Ojalá, a fin de año, me escribas contándome que has terminado el proyecto. Y, si necesitas ayuda ahora, escribime y conversemos sobre tus próximos pasos para poner la palabra "FIN".